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Fiebre amarilla y preparación hospitalaria en la Amazonía: por qué la infraestructura crítica y sistemas de gases medicinales también forman parte de la respuesta

La fiebre amarilla es una enfermedad viral hemorrágica aguda transmitida por mosquitos infectados. En las Américas, el principal ciclo reciente de transmisión ha sido el selvático, en el que mosquitos de los géneros Haemagogus y Sabethes transmiten el virus en entornos de selva; además, la OPS advierte que grandes epidemias pueden ocurrir cuando el virus llega a zonas densamente pobladas con baja inmunidad y presencia de Aedes aegypti.[1]

En ese contexto, la Organización Panamericana de la Salud publicó en 2026 la Guía de manejo clínico del paciente grave con fiebre amarilla, un documento que actualiza recomendaciones para la atención de pacientes críticos. La guía señala que su propósito es ofrecer directrices específicas para el manejo del paciente grave en unidades de cuidados intensivos, y subraya que el mayor impacto clínico está en el tratamiento de soporte de los casos graves [2], en el que vendrían incluídos los sistemas de gases medicinales.


Guía de manejo clínico del paciente grave con fiebre amarilla

Puedes descargar el PDF aquí: https://iris.paho.org/bitstreams/c16bd282-a894-4e22-b76d-2ff83272b2c0/download


Ese enfoque se vuelve especialmente relevante porque la propia guía, en su ficha estándar de seguimiento, incluye de forma expresa elementos de “Soporte avanzado en la UCI”, entre ellos ventilación mecánica invasiva, drogas vasoactivas, terapia de sustitución renal e intercambio plasmático, además del monitoreo de parámetros como pO2, pCO2 y SatO2.[3] En otras palabras, la atención del paciente grave no depende solo del acto médico: también exige hospitales capaces de sostener soporte crítico de manera continua.[2][3]

En Perú, la preocupación no es teórica. El Ministerio de Salud informó que hasta el 20 de abril de 2025 se habían confirmado 33 casos de fiebre amarilla y 12 defunciones, y que más del 90 % de los contagios se habían producido en áreas silvestres o boscosas, principalmente por actividades de caza o agrícolas.[4] Posteriormente, el Minsa intensificó la vacunación en cinco regiones con más casos: San Martín, Amazonas, Huánuco, Loreto y Junín y aprobó lineamientos específicos para esa intervención.[5]

La respuesta sanitaria confirma además que el riesgo sigue concentrado en territorios amazónicos y de selva. En 2026, el Minsa lanzó una campaña nacional priorizando 12 regiones, entre ellas Loreto, por tratarse de zonas donde circula el virus y que el sector salud considera endémicas o de mayor presencia viral.[6] El propio Minsa también precisa que, en el país, las cuencas endémicas para transmisión se ubican en zonas de selva boscosa de Loreto, Madre de Dios, San Martín, Ucayali, Amazonas y en zonas de selva de Junín, Ayacucho, Cusco, Huánuco, Pasco y Puno.[7]

Esa realidad vuelve especialmente pertinente la conversación sobre preparación hospitalaria en la Amazonía peruana. En territorios donde el riesgo epidemiológico convive con desafíos geográficos, logísticos y de acceso, la capacidad instalada adquiere un valor estratégico. No se trata solo de responder ante un caso, sino de contar con hospitales capaces de sostener atención crítica oportuna, continua y segura.[2][6]

ZHI y el proyecto de sistema de gases medicinales en Iquitos.

Hospital César Garayar García de Iquitos. ZHI está desarrollando la instalación del sistema de gases medicinales.

En ese marco, el proyecto de ZHI en el Hospital César Garayar García de Iquitos cobra especial relevancia. Allí ya se vienen instalando los sistemas de gases medicinales que formarán parte de su infraestructura crítica. En un establecimiento de más de 23,000 m², llamado a fortalecer la atención para una región de más de un millón de habitantes, esta infraestructura apunta a sostener áreas donde la continuidad no es negociable: UCI, emergencias, cirugía y atención neonatal.[8]

La conexión con la nueva guía de la OPS es clara. Si el manejo del paciente grave exige soporte avanzado en UCI, ventilación mecánica invasiva y continuidad asistencial, entonces la infraestructura hospitalaria que permite sostener ese soporte deja de ser secundaria y pasa a ser parte de la respuesta.[2][3] Desde esa perspectiva, la intervención de ZHI en Iquitos no debe leerse solo como instalación técnica. Debe entenderse como parte de una lógica mayor de preparación hospitalaria en una zona donde el riesgo existe, la distancia pesa y la capacidad de respuesta importa.

Equipo ZHI en instalación de proyecto de gases medicinales en el Hospital César Garayar García de Iquitos

Frente a enfermedades graves como la fiebre amarilla, la preparación no se limita a vigilancia, vacunación y protocolos. También exige hospitales técnicamente preparados para responder cuando el cuadro clínico escala y cada minuto cuenta.


[1] Organización Panamericana de la Salud (OPS). Fecha de consulta/publicación: 2026.

[2] Organización Panamericana de la Salud, Guía de manejo clínico del paciente grave con fiebre amarilla. Fecha: 2026. 

[3] Organización Panamericana de la Salud, Guía de manejo clínico del paciente grave con fiebre amarilla, Anexo 3. Fecha: 2026. 

[4] Ministerio de Salud del Perú (Minsa). Fecha: 28-04-2025.

[5] Ministerio de Salud del Perú (Minsa). Fecha: 28-05-2025.

[6] Ministerio de Salud del Perú (Minsa). Fecha: 17-02-2026.

[7] Ministerio de Salud del Perú (Minsa). Fecha de consulta/publicación: 2026.

[8] ZHI – Ingeniería en Sistemas de Gases Medicinales. Fecha: marzo de 2026.